Es interesante este tiempo. Las noticias incluso de los diarios titulados como "hegemónicos" por el gobierno hoy dan cobertura principal a distintas tragedias, ya sea de violencia familiar, de accidentes de tránsito, junto a notas de color diversos, deportivas, y casi ninguna noticia de índole política.
El gobierno ya no polemiza con la dirigencia agropecuaria, ni lanza dardos a distintos referentes opositores, ni anuncia fundamentales proyectos de su causa nacional y popular. Su campaña contra el Grupo Clarín parece haber bajado considerablemente sus decibles. Ni los ministros lanzan exabruptos por twiter.
La presidenta alterna entre inaugurar viejos galpones reciclados, reunirse con grandes empresarios en informales reuniones fotográficas, hacer bromas públicas referidas a su nuevo vice-presidente o anunciar la ridícula prohibición de importar clavos.
En lugar de exaltar una causa política, las últimas iniciativas del gobierno se justifican desde lo tecnocrático como combatir la evasión y el lavado de dinero a través de controles de la AFIP a la venta minorista de dólares, chicanas pequeñas sobre la administración del subte porteño o la seguridad en la ciudad, formulismos burocráticos para encubrir un ajuste tarifario o actitudes patronales para poner en caja a los sindicatos rebeldes de Aerolíneas que remedan al “ramal que para, ramal que cierra”.
El Kirchnerismo ha progresado socialmente. Construyó una adhesión en la medida que proponía un sentido político. Fue una causa, la causa nacional y popular, la causa rebelde frente al sistema, la causa que lucha desde los ideales contra los poderosos, la de los perdedores de la historia, la causa de los más necesitados. Pero el Kirchnerismo ya no es una minoría tratando de ascender, el Kirchnerismo es el poder y sus dirigentes hoy forman parte consolidada de la dirigencia política, estatal, empresaria, intelectual, artística, mediática.
Es fácil advertir el buen nivel social y económico de muchas de las manifestaciones de adhesión al gobierno. Hemos progresado como para seguir construyendo una causa desde la rebeldía adolescente. Es tiempo de fundar una administración de la sensatez, el sentido común, el conservador sentido de realidad.
El gobierno tiene problemas fiscales, monetarios y de balance de pagos que se están agravando considerablemente por la persistencia de una política inflacionaria y de revaluación monetaria, y en lugar de generarse un debate económico, las respuestas oficiales parecen ser elaboradas por el tecnicismo de contadores y veteranos funcionarios públicos.
El gobierno construyó un modelo de consumo que ya no se sostiene más. Dibujar la realidad hasta negarla, y crear controles y normas para construir tortuosos sistemas de administración pública que en nada logran resolver los problemas de fondo.
Las dificultades económicas no tienen lectura política ni repercusión pública. Es el clima político de este tiempo, la fuerza del kirchnerismo saco el 54 %, pero la fuerza del silencio tiene el 90 % de adhesión.
¿Quién recuerda el veto del 82 % móvil? Que nadie lo diga en público no evita que un jubilado de la mínima -3 millones de personas- no pueda vivir con mil quinientos pesos. Ni que hablar de los recortes de planes sociales, de salarios familiares, los aumentos del impuesto a las ganancias, los productos para todos que son para muy pocos. El gobierno derrocha recursos para financiar su aparato político y alimentar a sus socios, pero “ajusta subsidios” para …. De eso no se habla.
Con el escenario del Congreso Nacional neutralizado por una mayoría oficialista que lo convierte en un órgano dependiente del Poder Ejecutivo, ni siquiera hay un ámbito institucional para debatir política. La agigantada derrota electoral ha impuesto una retirada de toda voz discordante. Es que si no hay alternativas políticas, la realidad puede ser buena o mala, pero es única.
Ninguna creación del gobierno funcionaria, si la mayoría de nuestra sociedad no la convalidase y construyese una realidad inmodificable, podemos lamentarnos de lo que sucede pero… “la realidad es esta” y no hay nadie que la discuta.
La sucesión de tragedias familiares que involucran a menores de edad, los éxitos y fracasos deportivos, los chimentos de farándula, los comentarios pasatistas sobre el clima, son un drama y entretenimiento mediático que canaliza nuestras emociones virtuales. La inseguridad era un problema que nos moviliza y nos involucra, en cambio estos sucesos actuales nos consuelan como televidentes consternados pero inmóviles.
Por más que se intente inmovilizar al mundo, seguiremos vivos y conectados imprevisiblemente unos con otros, mientras tanto la política puede ser silenciada pero seguirá latiendo por debajo. Es un gran desafío para quienes estamos fuera del estado y de los medios. Es un tiempo interesante.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada